martes, noviembre 24, 2009

Filosofía y literatura barata para las masas


Creo que desde que empecé este blog jamás he hecho crítica literaria, pero tras haberme leído las casi 800 páginas en la edición de los años sesenta de Plaza y Janés creo que merezco un pequeño desahogo.

Me lo recomendó en un foro un liberal de los de verdad, una persona con la que apenas tengo nada en común, pero que respeto su coherencia y del que saco conclusiones (por oposición) bastante válidas para la vida diaria.

Lo cierto es que Lisa Simpson ya resumió esta novela de una forma que no voy a superar, cuando pregunta a su madre "¿No es ese libro la biblia de los perdedores de derechas?". Pues sí, ya que permite a la gente fracasada echar la culpa a la sociedad de sus propios errores.

Ayn Rand y su Manantial no es sino un medio entretenido fraude, aboga por la originalidad, por el individualismo o la capacidad de superación, pero a mis ojos se queda muy atrás. He de reconocer que el primer tomo de la novela lo tomé con interés, sin embargo conforme avanza el relato todo empeora. A la historia de amor que subyace durante toda la trama sólo se le puede conceder parcial originalidad en su tratamiento, aunque en realidad es la sublimación de lo místico, cuando curiosamente una de las mayores críticas que subyacen en cada una de las páginas del libro es el innecesario misticismo que ha acompañado tanto a la religión como a los continuadores laicos de la misma, los socialistas y los perversos izquierdistas. Muero porque no muero, decía la mística Santa Teresa, de igual manera Dominique (en la que la autora se refleja) trata de alcanzar a su amor en base al sacrificio y la renuncia de sí misma, dejándose violar por hombres a los que no ama. Vamos, algo que hubiera abogado cualquier iluminado de cualquier secta.

Aparte de Dominique surgen tres personajes principales más, en primer lugar el protagonista, Howard Roark, después Ellsworth Toohey y como cuarta pata Gail Wynand. Toohey es la antítesis de Wynand, los dos quieren lo mismo llevando caminos diferentes, pero aquí nos encontramos con la habitual paradoja que se produce entre los extremos de una herradura, aunque estén a la máxima distancia teórica posible, en realidad están mucho más cerca de lo que ambos personajes puedan pensar, incluso más cerca de lo que la propia Ayn Rand quiere dejar entrever.

Lo entretenido del primer tomo era ver cómo la autora iba introduciendo poco a poco una filosofía de vida, una concepción de cómo el mundo funciona y cómo debiera funcionar, al menos desde su punto de vista. Pero esa suavidad se rompe en el segundo tomo, donde el protagonista Howard Roark y la antítesis de Toohey, Wynand, se hacen amigos. Allí la autora da rienda suelta a sus ideas más personales a través de las conversaciones que se dan entre estos dos personajes. No critico la filosofía en sí (por barata que ésta sea) basada en el individualismo y en la enfermiza preocupación con los sectores más izquierdistas. Hay que tener en cuenta que la autora tuvo que emigrar de Rusia debido a la revolución bolchevique (aunque antes estudió a cuenta del Estado soviético en la Universidad de Petrogrado). Todos tenemos nuestras obsesiones y traumas y es lógico que las mostremos cuando creamos algo propio. Lo que ocurre es que la autora cae en algo que nunca caería su personaje principal, Howard Roark, la contradicción.

Contradicción múltiple, primero por convertirse en sacerdotisa del individualismo/liberalismo, con bastantes seguidores, lo cual favorece la cultura de masas que ella denosta, esas masas capaces de creerse cualquier mentira que publique el 'New Yor Banner', pero que odian a ese mismo periódico cuando empieza a publicar la verdad. Contradicción cuando escribe: "La época de los rascacielos ha pasado. Ésta es la época de las viviendas colectivas." Cuando los rascacielos simbolizan las grandes urbes, las aglomeraciones y el mundo global y masificado, el individualismo que puedan mostrar en sus diseños sólo esconden la uniformidad interior, en donde viven y conviven decenas de miles de personas, como en un hormiguero, formando un todo, un superorganismo.

La historia de amor, aun partiendo de una propuesta diferente, se convierte en el tópico final feliz burgués, sin aristas y con una hija reconciliada finalmente con un padre convencional y tradicional.

Por fin, el protagonista, Howard Roark, no es sino un remedo, una mala copia del Superhombre de Nietzsche. La autora se empapó de la obra nietzschiana, pero no sabe plasmar ni remotamente la brillantez del filósofo alemán. Si se quiere verdadera originalidad y un libro que aparte de profundidad en sus líneas, transmita verdadera literatura, sugiero que se pase olímpicamente de Ayn Rand y se lea directamente Así habló Zaratustra. He aquí unas pocas citas de Nietzsche que pueden resumir el ladrillo de casi 800 páginas de la autora ruso-estadounidense:

"¡Refúgiate en tu soledad, amigo mío! Te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Refúgiate allí donde sopla un viento fuerte y frío! ¡Refúgiate en tu soledad! Ya has vivido mucho tiempo entre gente mediocre y miserable. ¡Huye de su venganza invisible!"

"Y es que todo ser vivo es obediente. Lo segundo que vi: que sólo se manda a quien no sabe obedecerse a sí mismo. (...) Y lo tercero: que resulta más difícil mandar que obedecer."

"Quienes crearon los los pueblos poniendos en ellos una fe y un amor fueron creadores que, de este modo, prestaron su servicio a la vida. Pero hay hombres destructivos que ponen trampas para atrapar a la gente y las llaman Estado."

"el Estado miente en todos los lenguajes del bien y del mal; todo lo que dice es falso y todo lo que tiene es producto del robo. Todo él es falso; el muy mordaz muerde con dientes robados."

"Donde acaba el Estado empieza el hombre que no está de más, la canción de quien es necesario, la melodía única e insustituible. ¡Mirad, hermanos, allí donde acaba el Estado! ¿Es que no veis el arco iris y los puentes tendidos hacia el superhombre?"

1 comentario:

Alabrales dijo...

Jaajaja, otro que cae en la trampa randista...

En serio, esta gentuza del objetivismo son de lo más obsesivo con la izquierda y los movimientos populares. De hecho, desde que los descubrí, estoy convencido de que para los soldados americanos de la II GM y Corea, este libro actuaba de Mein Kampf "democrático".

Si quieres echarte unas risas (o estomagarte un poco, a saber),

http://www.objetivismo.org/