Pedro Sánchez es el político más interesante del siglo XXI en España sin ninguna duda. Podríamos ir desgajando cómo consiguió el poder en el PSOE, cómo fue destronado y cómo lo recuperó. La forma en la que llegó a la presidencia del gobierno tras la primera y única moción de censura exitosa en España. Cómo consiguió llevar a la desaparición a Ciudadanos y a la absoluta irrelevancia política a Podemos. Sin embargo, ahora lo que me interesaría analizar es cómo ha llevado a los patriotas de pulsera voxeros a la sombra, a la alargada sombra del Perro, en lo que a la defensa de España se refiere.
VOX ante el espejo
Durante años, Vox ha importado la estética y el discurso de la Alt-Right americana. Pero el electorado de derechas en España está redescubriendo un nacionalismo más castizo y soberanista... Gracias a las carambolas de la política internacional y al magistral manejo de las mismas que ha tenido el presidente del gobierno.
Si VOX defiende "España lo primero", ¿cómo explica que sus líderes viajen a Mar-a-Lago a rendir pleitesía a un líder cuyo lema es "America First"? Si los intereses de EE.UU. chocan con los de España (por ejemplo, en política agrícola o aranceles), el votante de VOX empieza a ver al partido como un "servil" de Washington. ¿Y qué líder político ha plantado cara a los desvaríos trumpianos? Efectivamente, el denostado Perro Sanxe.
Y es que VOX parece haber perdido el monopolio del patriotismo. Cuando Pedro Sánchez adopta una postura crítica con Israel o se distancia de ciertas líneas de la Casa Blanca, paradójicamente, una parte de la derecha ve en él un gesto de "soberanía" que les gustaría ver en los suyos. Si VOX apoya ciegamente a Israel/EE.UU. mientras estos favorecen a Marruecos (el gran rival geoestratégico de España), VOX queda en una posición de sumisión externa que es letal para un partido supuestamente nacionalista.
"Quien paga manda"
VOX no solo recibe (presuntamente o no) apoyo directo de grupos transnacionales, sino que se ha beneficiado de un ecosistema global de fundaciones y lobbies (como el entorno de la CPAC, fundaciones pro-vida internacionales y think tanks neocons).
Estos grupos no dan puntada sin hilo. El apoyo internacional viene condicionado a una alineación estricta en política exterior: pro-Israel incondicional y alineamiento con el ala republicana más dura. Si VOX critica a Trump por su cercanía a Marruecos, se le cierran las puertas de las conferencias internacionales, el acceso a grandes donantes de la diáspora y el soporte mediático de redes de influencia global.
La mutación del trumpismo
El trumpismo 2.0 ya no es el mismo que el de 2016. Hemos pasado de un aislacionismo que seducía a los soberanistas europeos (porque prometía que EE.UU. dejaría de meterse en los asuntos de otros) a un intervencionismo selectivo y feroz en Oriente Medio.
El alineamiento total con Israel y el intervencionismo en esa región rompen la idea de soberanía nacional. Obligan a los partidos europeos a tomar partido en un conflicto que muchos ciudadanos (incluida la derecha) ven lejano o, peor aún, como una fuente de inestabilidad (terrorismo, crisis energéticas, olas migratorias).
Al caer Orbán VOX ha perdido a su referente de "éxito". El trumpismo está empezando a percibirse no como una solución a los problemas locales (vivienda, empleo, seguridad), sino como una agenda ideológica importada que solo genera ruido.
El nuevo caudillo
No deja de sorprenderme que la política exterior de Pedro Sánchez me recuerde enormemente a lo que hacía la dictadura franquista. Surfeando al calor del que más calentaba; aceptando las bases estadounidenses, pero no reconociendo al estado de Israel, condenando el comunismo, pero anteponiendo las relaciones históricas con Cuba aprovechando el distanciamiento que generó la revolución cubana con EE.UU. Es decir, jugar entre aguas intentando tener un discurso propio en un mundo de gigantes. Muchos votantes de Vox son militares o tienen una visión estratégica de España. Saben que España necesita estabilidad en el Mediterráneo y relaciones pragmáticas con el mundo árabe (por el gas y el control migratorio) y las políticas de Trump perjudican a España.
El monopolio de la soberanía nacional
El gran activo de VOX es presentarse como el único defensor de la soberanía española frente a intereses globales. Sin embargo, cuando Sánchez se planta ante Netanyahu o marca una línea propia en la UE frente al intervencionismo de EE. UU., está proyectando una imagen de autonomía nacional que descoloca a parte del electorado de derechas y de extrema derecha español. Si Sánchez es el que parece "tenerlos bien puestos" frente a potencias extranjeras, VOX se queda con el papel de "portavoz trumpista de Washington", una imagen que buena parte de su electorado no puede ni asumir ni entender.
¿Sería Txapote entonces un patriota español?
La prensa de derechas española ha abusado del insulto y de la hipérbole, han favorecido y potenciado un clima en el que insultar al presidente del gobierno de cualquier manera posible era lo patriótico y lo guay. El "que te vote Txapote" o los gritos en la calle han llegado a un punto de saturación. Cuando el ruido es tan alto, un gesto de política internacional serio y respetado fuera de nuestras fronteras actúa como un "clic" de realidad para el votante que es capaz de razonar mínimamente. "Podrá no gustarme, pero ahí fuera nos representa con solvencia".
Pedro Sánchez está rompiendo España... O no.
Durante todo el siglo XX y lo que llevamos de XXI uno de los discursos más recurrentes y más usados por las derechas es que la izquierda "rompe España". Lo utilizaron durante la II República, durante la Transición, contra F. González, contra Zapatero y, por supuesto, contra Pedro Sánchez. Sin embargo, es difícil sostener que España es un "Estado fallido" o una "dictadura" cuando el presidente está liderando debates estratégicos en la OTAN o la UE. La realidad internacional desmiente la hipérbole mediática nacional.
¿Y qué pasa con la rojigualda?
En redes, en la calle, he visto a mucha gente de izquierdas reivindicando la bandera de España. Al vincular la bandera de España a políticas de justicia climática, derechos sociales o autonomía estratégica frente a EE. UU., parte de la izquierda ha empezado a sentir que la bandera también les pertenece, es más, se han dado cuenta de que, al usarla, provocan irritación en la derecha y eso les está gustando. Para VOX, esto puede ser letal. Si la bandera deja de ser un arma arrojadiza contra la izquierda porque la izquierda también la ondea (aunque sea metafóricamente en sus éxitos internacionales), VOX pierde una de sus principales herramientas de movilización emocional.
Israel, sus lobbies y el efecto bumerán
Israel, bajo el mando de Netanyahu, apostó por una alianza estratégica con la nueva derecha radical europea (Vox, Orbán, Meloni, Le Pen) bajo la premisa de que compartían enemigos comunes: el islamismo y el "globalismo de izquierdas". Sin embargo ha habido detalles que a los analistas israelís se les ha pasado por alto...
El nacionalismo conservador es, por definición, excluyente y soberanista. Israel intentó crear una "Internacional Nacionalista" pro-Israel, pero es un oxímoron. En cuanto los intereses de la nación europea chocan con los de Israel, el barniz de amistad desaparece y emerge el sustrato ideológico previo.
La reactivación de la extrema derecha tradicional
Me llama la atención como en los últimos tiempos la Falange está reclutando a jóvenes (varones eminentemente) fogueados con VOX pero desengañados de la falsa política patriótica que han estado llevando. Y es que al legitimar discursos de confrontación y "defensa de la civilización", Israel ha abierto una caja de Pandora. Los grupos de extrema derecha tradicionales o vintages se sienten ahora validados para ser agresivos. Pero en lugar de dirigir esa agresividad solo hacia donde Israel quiere, la dirigen hacia cualquier actor extranjero que intente tutelar su soberanía. Esto ha despertado al nacionalismo europeo más arcaico, que históricamente ha sido receloso (o directamente hostil) hacia la influencia judía y el sionismo.
Y todo esto, no lo olvidemos, lo está moviendo Pedro Sánchez con los movimientos que ha ido ejecutando en el teatro de la política internacional.
¿Qué prefieres, susto o muerte?
Israel (y sus partidos políticos subvencionados) pensó que, atacando a Pedro Sánchez, obligaría a la derecha española a elegir entre su presidente (odiado por ellos) y Netanyahu (aliado ideológico). Pero el tiro ha salido por la culata. Ha provocado que el patriotismo español se active contra el ataque externo. Ha forzado a la extrema derecha a recordar sus raíces soberanistas, que en el caso español están muy ligadas a un catolicismo tradicional que nunca fue precisamente pro-sionista.
Resumiendo: más sabe el perro por perro que por Sánchez
Sánchez, casi sin buscarlo de forma directa, ha expuesto esta contradicción. Al defender una postura de Estado, ha dejado a la derecha pro-Israel sin argumentos y ha empujado a la derecha radical de vuelta a sus cuarteles de invierno: el nacionalismo aislacionista y antijudío.
Por último, más que recomendable este vídeo, "El facha de Shrödinger":
https://www.youtube.com/watch?v=Z1WPIUpwdEg

